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![]() La Historia de Melissa
En abril de 1998, Melissa era un joven típica en su último año de colegio secundario preparándose para su fiesta de promoción, para terminar sus estudios secundarios y para todas las oportunidades que ofrece la vida, cuando fue diagnosticada con Síndrome Míelos displástica, una malignidad de la médula ósea. Ella había acabado de ser aceptada para estudiar en la Universidad de Pennsylvania donde ella soñaba estudiar para una carrera en la práctica de enfermería avanzada. Tristemente, Melissa Marie Sengbusch murió el 22 de junio de 2000, a los 19 años de edad, después de haber vivido con cáncer por dos años. Ella se hizo otra estadística de la tragedia que conocemos como el cáncer de niños. La manera como Melissa vivió su vida y finalmente como enfrentó la muerte, es una historia extraordinaria de determinación y una celebración del espíritu humano.
Míelos displasia ataca menos de 5 personas en un millón de norteamericanos cada año. Las estadísticas continúan a ser desalentadoras con la taza de sobrevivientes teniendo un promedio de solo veinte por ciento. Después de su diagnóstico, Melissa ya no era una joven típica, pero estaba determinada a que el impacto fuera algo mínimo en su vida. Con el peso de análisis de sangre semanales y con la incertidumbre de su enfermedad, ella continuó sus estudios en el colegio y no le dijo a nadie que estaba enferma. Ella no quería que la trataran de una manera diferente, y no quería acomodaciones especiales. Ella solo quería ser una joven normal viviendo una vida normal. Con mucha decepción, Melissa se vio forzada a diferir su matrícula a la Universidad de Pennsylvania y empezó un tratamiento intensivo de quimioterapia el 28 de julio de 1998. A pesar de estar sufriendo los efectos debilitantes de su tratamiento, el espírito de Melissa nunca vaciló, su foco de atención nunca se nubló, y nunca perdió su pasión por la vida. Ella estaba determinada a superar la situación en la cual se encontraba. Durante el curso de su tratamiento, mientras estaba recibiendo quimioterapia agresiva, radioterapia de cuerpo completo, y otros procedimientos serios, ella se matriculó en cinco cursos en la Universidad de Rochester. Debilitada por la perdida de peso, por náuseas y otros efectos secundarios y sufriendo el insulto de la caída de cabello y el trauma de ataques del cerebro, completaría sus cursos en la universidad con las más altas calificaciones posible.
“Si se me va a caer el cabello otra vez, porque no me lo pinto para ver como me veo de rubia,” y se pintó el cabello. Un primo finalmente fue identificado como el mejor donante posible aunque los tejidos no eran perfectamente semejantes. El trasplante se haría el 21 de junio de 1999, pero con la expectativa que Melissa sufriría complicaciones serias, dado al que los tejidos del donante no eran lo suficientemente semejantes a los de ella. Pero, para la felicidad de todo el mundo, Melissa no tuvo complicaciones y pudo salir del hospital en tres semanas y media en vez de las seis a ocho semanas que se había esperado. Ella se iba curar. Ella estaba seguro de eso. Pero, una infección cerebral en el otoño de 1999 la dejo sin poder hablar y con poca función neurológica en el lado derecho de su cuerpo. El periodo a seguir fue como una pesadilla porque Melissa no podía hablar, caminar y ni podía comer sola. Una biopsia del cerebro confirmó el diagnóstico preliminar de toxoplasmosis, una infección parásito muy rara. Después de tres semanas de terapia intensiva, ella se empezó a mejorar.
Melissa declaró que estaba lista para volver al colegio aunque casi no podía caminar, arrastraba las palabras y no podía leer porque estaba padeciendo de visión doble, y no podía escribir. Por las siguientes seis semanas, su papa la acompañó a sus clases, dejando la silla de ruedas en la puerta del salón de clases, para que ella pudiera entrar a clase caminando sin auxilio alguno. Para la mitad del semestre, ella ya podía ir sola a clases y obtuvo una nota sobresaliente en sus calificaciones en las clases de Química Orgánica y Ciencias Políticas. En diciembre, todo el mundo creía que ella se iba a curar y se hicieron planes para que empezara el semestre de primavera en la Universidad de Pennsylvania. El 5 de enero, solamente cinco días antes de que saliera para la universidad, Melissa tuvo lo que se supondría que iba ser su última biopsia. Sin embargo, después de pasar solo una hora, recibió la peor noticia posible. Una vez mas, Melissa había tenido un relapso de su cáncer. No habían más opciones. No habían más esperanzas. No había nada más que se pudiera hacer. Nada menos vivir—y Melissa continuó a hacerlo con pasión. Durante toda lo que había pasado, Melissa siempre pensó que ella estaba viviendo, no muriéndose. Ella sabia que eventualmente ella iba a morir, al igual que todos nosotros. Mientras que ella había luchado valientemente contra su enfermedad, ella no luchó contra la muerte. Ella aceptó que no podía saber cuando o como iba morir. Pero, hasta que muriera, ella siempre tuvo la intención de vivir su vida. Ella decidió que aun iba ir a la Universidad de Pennsylvania, diciendo,”Si no voy ahora, nunca podré ir.”
Para las vacaciones de primavera, Melissa se había enfermedad demasiado y tuvo que regresar a Rochester. Una biopsia mostró que el tratamiento experimental no había tenido ningún efecto sobre la enfermedad que ahora le estaba destruyendo su cuerpo. Melissa entonces hizo la última y más valiente decisión de su vida—decidió parar de tomar tratamientos. Ella había aceptado que su tiempo en la tierra era muy limitada. Si continuara a tomar tratamientos de quimioterapia, ella se sentiría muy enferma, así que ella escogió la opción de calidad de vida versus duración de vida. Con admiración por su valentía y determinación, la Universidad de Pennsylvania le presentó a Melissa su título universitario en enfermería (Bachelor of Science in Nursing en inglés), un tributo raro que se otorga a esas personas que se juzgue sean dignos de ser graduados de la Universidad de Pennsylvania que no pueden completar sus estudios de carrera. En honor a Melissa, la Universidad de Pennsylvania, estableció una beca titulada Melissa Sengbusch Inspiration Scholarship y que Melissa orgullosamente estableció el criterio para elegibilidad. En los tres meses hasta que murió, Melissa nunca paró de vivir—y de vivir con el tipo de pasión que uno tiene cuando tiene ganas de gritar de alegría al cielo.
“ Si has aprendido algo de todo lo que me ha sucedido y de mi situación, haz algo con ese conocimiento para hacer una diferencia – para hacerlo mejor para otros.” Melissa’s Living Legacy Foundation, o la Fundación Viva del Legado de Melissa, está dedicado al espíritu siempre presente de Melissa, y está comprometido a “hacerlo mejor” para otros jóvenes adolescentes viviendo con cancer. |