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Como Me Afectó la Enfermedad de Mi Hermana
por Michael, 23 años de edad

Michael tenía 20 años cuando su hermana Melissa fue diagnosticada con cáncer.

Honestamente, al principio, la enfermedad de mi hermana realmente no me afectó.

Yo estaba en la universidad, a miles de millas de mi casa, y solamente la veía cada tantos meses. En las primeras etapas, no parecía ser nada grave. Todo el mundo era tan optimista que la posibilidad que ella pudiera morir nunca me cruzó la mente. Yo nunca había perdido a nadie en mi familia, así que uno no piensa que eso puede ocurrirle.

Matt and Melissa share hairstyle

Cuando yo estaba en casa, yo la iba a visitar al hospital y realmente ella no se veía enferma. A lo mejor le faltaba el cabello, pero se veía sana y normal, aparte de eso. Yo pensé que ella iba tener que tomar un tratamiento de quimio, que el cáncer se iría y que ella empezaría la universidad el año siguiente. Eso es lo que nos habían dicho los médicos y los creímos. Al volver a pensar en esa época, yo estoy contento que ellos mantuvieron una actitud positiva.

Cuando me ponga a pensar sobre aquel tiempo, me acuerdo que no era gran cosa. Ella estaba enferma, pero no era nada de vida o muerte (o eso es lo que pensaba). Ella era fuerte. Ella lo iba a superar.

Cuando el primer año se hizo el segundo año, la seriedad de la situación me empezó a afectar. Yo estaba volviendo a casa más a menudo, al principio una vez al mes, y después, cada dos semanas. Ella había empezado a verse más enferma. Físicamente, el viajar a casa de la universidad fue duro para mí. Yo estaba dejando los estudios, mi vida personal en la universidad para viajar a otro estado. No estaba de visita en mi casa como si fueran unas vacaciones, o para ver a mis amigos o por que no habían clases. Yo iba para ver a mi hermana en el hospital. Yo bloqueaba mucho de lo que estaba pasando. Yo sabia lo que estaba pasando pero nunca me dejaba sentir lo grave que era la situación.

Mis hermanos estaban en casa mucho más que yo. Pensé dejar la universidad por un semestre para ir a casa para estar con mi familia. Por mucho tiempo pensé que era lo que debería hacer y que era mi obligación hacerlo. Pero al pensarlo más, yo supe que no era lo que iba hacerle feliz a mi hermana. Ella se hubiera sentido culpable de interrumpir mi vida. Yo pienso que le hacia feliz saber que yo estaba haciendo lo que ella no podía. ¿Egoísta? Posiblemente. Pero si la situación hubiera sido al reverso, yo estaría super molesto si unos de mis hermanos o mi hermana hubieran vuelto a casa porque yo me encontraba enfermo.

Yo les hubiera dicho,

“Vuelvan a casa tantas veces que puedan, pero vivan una vida normal y diviértanse como siempre. Asegúrense de tener unas buenas historia para contarme cuando vengan a casa a visitarme.”

Yo se que ella se sentía igual que yo.

Matt and Melissa in Arizona El hecho que su cáncer la hizo enferma poco a poco fue como un arma de doble filo para mi. Lo bueno fue que ella pudo vivir por un poco más de dos anos después que se enfermó. Hubo muchas oportunidades para su supervivencia: segundas y terceras oportunidades, opciones para tratamientos, y muchas maneras de vivir, que ella los hizo con pasión. Eso fue lo bueno.

Pero cuando finalmente pude aceptar lo inevitable, yo ya había estado lidiando con su enfermedad por tanto tiempo que casi me sentía entumecido al dolor. Aun después que recibimos el último pronóstico, pasaron tres meses antes que falleciera. Me alegró que su muerte no fue algo rápido pero la magnitud inmediata de perder a alguien que has conocido por toda tu vida, se entorpece con el tiempo que pasa. Eso es el filo cortante del arma de doble filo y es lo peor de todo.

Yo no estuve en casa cuando ella falleció. Yo estaba en la universidad en Atlanta y yo ya tenía planeado un viaje para ese mismo día. Al principio, me arrepentí de no haber llegado a casa antes para haber estado allí cuando ella falleció. Pero dos cosas me hicieron sentirme mejor.

Mi mamá me hizo ver que si yo hubiera estado en casa antes, es posible que me hubiera ido antes. Es posible que Melissa hubiera muerto justo después que me hubiera ido y eso también me hubiera hecho sentirme igual de mal. Segundo, estoy agradecido que no tengo la imagen del fallecimiento de mi hermana en mi cabeza. Por una parte estoy contento que no estuve allí. No hay nada que me gustaría haberle dicho antes de que muriera. Todo se había dicho. Decir adiós es horrible y estoy contento que no le tuve que decir adiós a mi hermana. Estoy contento que no tuve que verla en sus últimas horas. Pienso que eso me lo hizo más fácil para mi. Me quedan las memorias de ella cuando estaba viva y no cuando se estaba muriendo. Yo le doy gracias a Diós por eso.

Supongo que la respuesta corta a la pregunta, “Como te afectó la enfermedad de tu hermana”, se puede resumir de esta manera:

Hace ya 19 meses que ella falleció y todavía me afecta.

Supongo que hasta ahora, yo todavía estoy entumecido a todo lo que ha pasado. Pero al pasar el tiempo y no me siento tan entumecido, me afecta maá que nunca.

   
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